Esparciendo mi escarcha

Ella es desentendida, olvidadiza, irresponsable, pero tiene un animo que envidio. Pocas veces la he visto llorar, siempre sonríe, al menos lo intenta con fuerza.

Me sacaba de mis casillas cuando necesitaba que hiciera las cosas como yo pedía, que se responsabilizara de sus actos y dejara de ser tan desorden, me esforzaba tanto en hacerla cambiar que no me había detenido a ver su entusiasta actitud, hasta hace poco.  Cansada de molestarme por tantas situaciones la observé, ahí me di cuenta de lo mucho que podía aprender también de esa persona que carecía de madurez. Ella siempre esparce  su escarcha y eso es admirable.

Desde ese momento entendí que no todo debe ser tomado tan en serio, hay que dejar algunas cosas pasar,  de casi nada tengo el control por lo tanto no es racional que me abrume con asuntos que se resolverán de todos modos. Yo también prometí cada día tratar de esparcir mi escarcha, porque es más divertido de esa manera, gano más y gasto menos en pastillas para los dolores de cabeza. Ahora sonrio más y me enojo menos, a veces me sale lo gruñona pero no tanto como antes, y lo más importante… aprendí a hablar con ella, hasta me di cuenta lo divertida que es y eso me agrada.

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